Son 23 términos como “mamá” y “fuego” que han perdurado casi intactos y con bastantes semejanzas en los centenares de idiomas que hoy operan en el mundo. Su existencia habla de un idioma que funcionó como un ancestro común

por José Miguel Jaque/ Ilustración: Rafael Edwards | La Tercera

evolución-lenguajeAunque suene como una idea de una película de ciencia ficción, si usted tuviera la oportunidad de viajar al pasado y escuchar una conversación de los cazadores-recolectores de la última Edad de Hielo es probable que lograse entender el sentido de lo que hablan. ¿La razón? Las frases que ellos utilizaban estaban compuestas por un núcleo de palabras tales como “hombre”, “mano”, “fuego”, “escuchar” y varias más que han sobrevivido casi sin cambios durante 15.000 años. A esta conclusión llegó un equipo de expertos liderados por Mark Pagel, profesor de biología evolutiva de la Universidad de Reading, Reino Unido, que logró identificar 23 sustantivos, verbos, adjetivos y adverbios considerados términos “ultraconservados” y que se han mantenido como base de los casi 700 idiomas que hoy existen en el mundo.

Todo un hallazgo, si tomamos en cuenta que hasta ahora los investigadores consideraban que las palabras no sobreviven más de nueve mil años debido a su evolución semántica y erosión fonética. De hecho, los análisis del mismo Pagel señalan que 500 mil idiomas han surgido y desaparecido desde que aparecieron los primeros humanos.

Así es. Y por más que pensemos que términos universales y parecidos como pater (latín) o padre (español) pudieran permanecer con el mismo significado con el correr de los siglos por el simple hecho de tener un sonido similar, hasta ahora no se había logrado probar estadísticamente esa relación. Quentin Atkinson, investigador de la U. de Auckland (Nueva Zelandia) y coautor del estudio, cuenta a Tendencias que algunos estudios habían intentado afirmar que hubo un ancestro común de todas las lenguas humanas que existió hasta hace 60 mil años, pero había sido imposible pasar más allá del factor “casualidad” para explicar la similitud del lenguaje. Hasta ahora.

Así como el proyecto Genographic creó un mapa de la migración humana, mediante el análisis del ADN y la reconstrucción de las rutas migratorias de nuestros primeros ancestros, una de las interrogantes en la cabeza de Pagel era si la evolución del lenguaje se comportaba igual que la de los genes. El nuevo estudio parece comprobar esta idea: la lista de palabras identificadas -que también incluye términos como “ceniza”, “madre” y “que”- sugiere que hasta hace 15.000 años existía una especie de lengua euro-asiática que fue el ancestro común de las lenguas que hoy hablan miles de millones de humanos.

“Sí, el lenguaje y la evolución biológica tienen un gran número de paralelos y en muchos casos se utilizan las mismas herramientas y métodos para estudiar ambos. Los idiomas evolucionan a través de un proceso de descendencia con modificación parecido a los sistemas genéticos”, responde a Tendencias Andrew Meade, profesor de la Universidad de Reading y parte del equipo de Pagel.

Términos comunes

Pagel y sus colegas tomaron en cuenta sus investigaciones previas donde habían realizado un seguimiento de qué tan rápido cambian las palabras en lenguas modernas. Ahí habían establecido que los diferentes tipos de palabras evolucionan a ritmos diferentes, dependiendo de qué parte de la oración ocupan (pronombre, verbo, sustantivo o adverbio) y de la frecuencia en que aparecen. Además, concluyeron que la diferenciación lingüística es muy rápida: luego de que un puñado de humanos se separa de su grupo original, se necesitan sólo 500 años para que un lenguaje dé origen a dos.

En esta ocasión, su material de partida fueron 200 palabras que, para ellos, forman parte del vocabulario base de todas las lenguas. Luego buscaron los “cognados” -términos que comparten ascendencia y significado en distintos idiomas, como las variantes de “padre” en inglés (father), francés (pere) y sánscrito (pitar)- de esas palabras en cada una de las siete familias de la lengua euro-asiática. Entre esas siete familias están la lengua indoeuropea (a la que pertenecen la mayoría de los idiomas de Europa y Asia meridional, incluyendo el español, el inglés, el alemán, el francés, el ruso o el griego), la dravídica (del sur de la India y algunas áreas de Pakistán) o la altaica (propia de Turquía).

Para esta búsqueda, analizaron con qué frecuencia aparecen hoy esas palabras en las conversaciones y la función gramatical que cumplen. El equipo de Pagel encontró que las palabras pronunciadas por lo menos 16 veces al día por una persona común y corriente tenían mayores posibilidades de ser cognados en, al menos, tres familias lingüísticas. Así concluyeron que las palabras que aparecían con mayor frecuencia se han “desgastado” más lentamente, por lo que su significado y su sonido podrían ser parecidos a los originales. “Tomamos ese marco estadístico para predecir las palabras que se han desarrollado tan lentamente que pueden haber durado el tiempo suficiente para haber sido retenidas entre las familias lingüísticas de Eurasia”, comentó Pagel a Deutsche Welle.

Es primera vez que los lingüistas logran trazar un origen común para lenguas tan dispares. Y acordaron llamarlo lenguaje “protoeuroasiático”, cuyo origen estaría en los actuales Turquía e Irak. Pagel comentó que nunca hemos escuchado ni una palabra en esta lengua, ni está escrita en ninguna parte, pero fue hablada alguna vez alrededor del fuego por nuestros antepasados.

Que fluya el fuego

El equipo de Pagel halló que los 23 términos en la lista de palabras “ultraconservadas” son cognados en cuatro o más familias lingüísticas. Pero hay una que se repite en las siete familias: “thou” (tú, pronombre). Los otros pronombres son “yo”, “nosotros”, “ustedes” y “quién”. Los sustantivos son “hombre”, “mamá”, “mano”, “fuego”, “corteza”, “ceniza” y “gusano”. Los adjetivos: “eso”, “este”, “viejo” y “negro”. Los verbos que aparecieron son “dar”, “escuchar”, “sacar”, “fluir” y “escupir”. Y los adverbios “no” y “qué”.

Una de las palabras que más sorprendió a los investigadores fue “corteza”. Simple: no es un término que salga con frecuencia en un diálogo cotidiano. “He hablado con algunos antropólogos y dicen que la corteza jugó un papel muy importante en la vida de los que habitan los bosques de cazadores-recolectores”, comentó Pagel a The Washington Post. Así es. Con las cortezas tejían cestas, trenzaban cuerdas, las usaban como combustibles para el fuego y hasta tenían uso medicinal.

También les sorprendió que apareciera “escupir”. La explicación es que el sonido de esa palabra es tan expresivo como la acción de hacerlo, casi onomatopéyico, por lo que se entiende que simplemente el término no evolucionó en todos estos años. ¿Podríamos pensar que esta técnica es la llave para rescatar las lenguas? Sería ideal. Más, si pensamos que algunos estudios plantean que 90% de las lenguas que hoy existen habrá desaparecido en 2050, debido a la globalización. Pero los investigadores ponen paños fríos. “Será muy difícil ir más allá de eso. Aún estas palabras que evolucionan lentamente están empezando a perder fuerza”, dijo Pagel a LiveScience.

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