Como hemos estado en las últimas semanas analizando en clase el Léxico matemático, hemos dedicado unas sesiones a trabajar el canon áureo, divina proporción o simplemente Φ (fi) como lo llamaron los griegos. Como la mayoría son alumnos de ciencias no ha habido ningún problema (o casi) y hemos dibujado con maestría la espiral logarítmica  o espiral de Durero (el nautillus nos ha salido perfecto), hemos analizado la sucesión de Fibonacci y su relación con φ (aquí hemos sudado algo más), hemos conocido qué medidas utilizó Plaxíteles en sus esculturas, qué es el homo quadratus de Leonardo y hemos terminado comprobando que somos casi perfectos dado que nuestras proporciones se acercan mucho al canon aureo

Para este último ejercicio hemos utilizado el material del Taller de la Ciencia de Culturaclasica.net. Y hemos de decir que, una vez realizadas y verificadas las consiguientes mediciones, una vez constatada la asombrosa aproximación de todos los parámetros obtenidos al mágico 1’618, podemos concluir sin miedo a equivocarnos que cumplimos todos el canon de proporción (de belleza podría incluso decirse). Eso sí es de justicia reconocer que quien más se aproxima a este número divino es…

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